En la vida, se nos presentan desafíos de todo tipo, y en el ámbito de nuestra salud no se dan excepciones.
El desafío del dolor en nuestra vida
En nuestra unidad de tratamiento del dolor, tratamos de que los pacientes tomen el control de sus vidas y no dejar su salud en manos de otros, sino de colaborar para proporcionarles la mejor calidad de vida.
Siempre insisto en que los médicos no somos héroes, sino personas intentando ayudar a otras personas.
El paciente que sufre dolor debe saber que él es el más importante en este momento, que ha de amarse a sí mismo y cuidarse, o difícilmente podrá amar a sus familiares o amigos.
Creo que la existencia de nuestra unidad del dolor es una magnífica oportunidad que los pacientes se pueden encontrar para recuperar su felicidad.
Tanto médicos como pacientes, hemos de obsesionarnos con la idea y el deseo de mejorar nuestra calidad, con los medios que tenemos a nuestro alcance y así lograr tan ansiado objetivo.

Aprender a vivir sin garantías, pero con esperanza
Cuando padecemos dolor hay pacientes que, según la expresión, ven el “vaso medio lleno o medio vacío”, a tenor de su personalidad y vivencias. En Unidad dolor Ventura, que el “vaso es rellenable”, con lo que quiero decir, que podemos influir de algún modo en nuestro destino.
También es importante recordar que en medicina no existen garantías, lo cual muchas personas nos preguntan. La situación a plantear es, sin embargo, aprender a vivir sin garantías de futuro, que no está escrito, sino poner nuestro máximo empeño, conocimientos y habilidades en tratar de ayudar a los pacientes a recuperar sus vidas. Tan solo el intentarlo ya ilumina el camino de nuestras vidas y solo pierde el que abandona y se rinde.
Para finalizar, recordarle a todos aquellos que en algún momento se han preguntado por qué les ha correspondido a ellos cargar con este sufrimiento, les diré que no hay respuesta a dicha cuestión. Tan solo está en nuestra mano decidir qué camino tomar ante la situación que se nos presenta y tener iniciativa de intentar buscar la puerta de la felicidad, y en nuestra unidad de dolor intentamos proporcionar esa salida.
